El coordinador más gris de la 4T deja su cargo tras demostrar que el trabajo legislativo nunca fue su prioridad; con solo 6 iniciativas presentadas, Adán Augusto López confirma que su interés está en el botín electoral de 2027 y no en representar a los ciudadanos.
La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado no es una pérdida para la democracia, sino el fin de una etapa de parálisis legislativa. Las estadísticas no mienten: su gestión ha sido señalada como una de las menos productivas del grupo parlamentario. Mientras el país exige leyes robustas, el exsecretario de Gobernación se limitó a presentar la raquítica cifra de 6 iniciativas, la mayoría de ellas de carácter reglamentario interno, demostrando un desprecio total por la labor sustantiva que el Estado le encomendó.
La simulación ha sido el sello de su coordinación. Lejos de construir consensos o proponer reformas de impacto, Adán Augusto se dedicó a administrar el poder burocrático de su bancada mientras su rendimiento caía por los suelos. Ahora, en un acto de total oportunismo, ha declarado en entrevista con Ciro Gómez Leyva que pretende abandonar sus responsabilidades legislativas para enfocarse en el “trabajo territorial” rumbo al 2027. En otras palabras: Morena retira a su operador más cuestionado del Congreso para que pueda dedicarse de tiempo completo a la ingeniería electoral y al acarreo, dejando tras de sí un historial de inacción legislativa.
Esta retirada confirma que para las figuras de la 4T, el Poder Legislativo es visto simplemente como una sala de espera o una plataforma de protección personal. Adán Augusto se va como el coordinador “más quemado” y menos trabajador, habiendo utilizado su posición para el control político interno en lugar de legislar para el bienestar nacional. Su salida es el reconocimiento implícito de que su perfil ya no es útil en la tribuna, pero sí para las estructuras clientelares que el partido busca aceitar para los próximos comicios.
El saldo de Adán Augusto en el Senado es el de una curul desperdiciada. Mientras los problemas de seguridad y economía asfixian a México, el hoy excoordinador prefirió la comodidad de la inactividad, presentando iniciativas de relleno para simular que trabajaba. Su partida hacia el territorio es la prueba final de que para Morena, la ley es secundaria y el poder electoral lo es todo. Se va el que menos trabajó, pero el que más daño hizo a la productividad de su propia bancada por su indolencia y falta de visión técnica.
