“En Chihuahua mandamos los chihuahuenses”: El alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, lanza un misil político contra Adán Augusto López tras el intento del tabasqueño de imponer a Andrea Chávez como gobernadora; la fractura expone el rechazo interno hacia la senadora y el hartazgo por el centralismo de la 4T.
La supuesta unidad de Morena se hizo pedazos al arrancar este 2026. La chispa que detonó el incendio fue la declaración de Adán Augusto López, quien con la soberbia que lo caracteriza, dio por hecho que la senadora Andrea Chávez será la próxima gobernadora de Chihuahua. El “destape” anticipado no cayó nada bien en el norte, provocando una respuesta inmediata y cruda por parte de Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Ciudad Juárez y uno de los perfiles más fuertes en la entidad. Cuéllar fue tajante: en Chihuahua “manda el pueblo” y no se aceptarán imposiciones de actores externos que no votan en el estado.
Este choque de trenes deja al descubierto una realidad que Morena intenta ocultar: a Andrea Chávez no la quieren en Chihuahua. La senadora, señalada por el uso de unidades móviles y propaganda financiada por contratistas foráneos, es vista por los liderazgos locales como una pieza de ajedrez controlada desde la Ciudad de México por el grupo de Adán Augusto. La respuesta de Pérez Cuéllar —”en Chihuahua mandamos los chihuahuenses”— es un grito de guerra que confirma que en el partido ya hay roces irreconciliables y que la imposición del centro será respondida con resistencia territorial.
La fractura no es solo por nombres, sino por el control del estado. Mientras Adán Augusto intenta mantener su relevancia política impulsando a su protegida, los morenistas de cepa en Chihuahua sienten que se les está desplazando para entregar la plaza a un grupo que ni conoce ni vive las problemáticas del desierto. Esta división interna pone en riesgo la competitividad del partido de cara al 2027, pues mientras ellos se pelean por “ver quién manda”, las bases ven con desconfianza cómo el nepotismo y los acuerdos de cúpula pesan más que el trabajo con la gente.
El año comienza con un Morena fragmentado y un Adán Augusto que parece haber perdido el toque de operador para convertirse en un factor de conflicto. El rechazo a Andrea Chávez en su propia tierra es el primer gran obstáculo para las aspiraciones del grupo tabasqueño, que hoy se topa con pared ante un chihuahuense que no está dispuesto a entregar las llaves del estado a una candidata de diseño fabricada en el Senado. En Chihuahua, la batalla por la sucesión ya empezó, y el primer round lo ganó el regionalismo frente al centralismo autoritario de la 4T.
