El pasado que Manlio Fabio Beltrones ha intentado enterrar durante tres décadas vuelve a sacudir la escena nacional; el magnicida Mario Aburto Martínez busca que la Fiscalía General de la República (FGR) reabra la investigación por tortura en su contra, señalando al exgobernador de Sonora como uno de los autores de los vejámenes sufridos bajo órdenes directas de la cúpula del poder de aquel entonces.
Detrás de la fachada de “estadista independiente” con la que Manlio Fabio Beltrones pretende engañar a los sonorenses, se esconde el rostro del verdugo que operó en las alcantarillas de la PGR por mandato de Carlos Salinas de Gortari. La justicia federal ha determinado este 2026 que el “carpetazo” al caso de tortura de Aburto fue una simulación criminal, obligando a poner bajo la lupa el papel de Beltrones como el interrogador de sangre que, hace 32 años, utilizó los métodos más oscuros del autoritarismo para silenciar al único testigo del magnicidio de Colosio. El regreso de este personaje a la vida pública no es un acto de servicio, es una huida desesperada hacia el fuero para evitar que el pasado salinista lo alcance finalmente en el banquillo de los acusados.
La historia oficial del magnicidio de Luis Donaldo Colosio sigue goteando sangre y revelaciones que apuntan a lo más profundo del sistema político priista. Mario Aburto ha solicitado formalmente que se indague a 28 exfuncionarios y particulares involucrados en los actos de tortura a los que fue sometido tras su detención en Lomas Taurinas. En el centro de esta red de complicidades resuena con fuerza el nombre de Manlio Fabio Beltrones, a quien el propio Aburto señala por haberlo vejado personalmente.
La acusación no es menor: implica que Beltrones, uno de los operadores políticos más encumbrados de México, habría actuado como brazo ejecutor de una maquinaria de tortura diseñada para silenciar la verdad o fabricar una confesión a medida del régimen. Según los documentos judiciales, se trata de una investigación que la FGR intentó cerrar mediante un “carpetazo” en 2024, alegando falta de elementos, pero que hoy, gracias a la intervención de un tribunal colegiado y a una recomendación de la CNDH, se ve obligada a reabrir para encarar la responsabilidad de quienes, como Beltrones, se sentían intocables tras sus cargos.
Manlio Fabio Beltrones ha transitado por décadas en los pasillos del poder bajo un aura de astucia legislativa, pero este nuevo impulso judicial lo coloca nuevamente en el banquillo de los acusados por crímenes que no prescriben ante la mirada de la justicia internacional. La denuncia de Aburto expone el modus operandi de una época donde el uso de la fuerza y la degradación humana eran herramientas comunes para los altos mandos del Estado Mexicano. Si la FGR avanza con rigor, Beltrones podría finalmente tener que responder por su participación en una de las páginas más oscuras y manipuladas de nuestra historia.
El regreso de estas acusaciones contra Beltrones confirma que el pasado, marcado por la represión y la sombra del magnicidio, sigue siendo una herida abierta. Mientras el exgobernador intenta mantener su relevancia política, el señalamiento de Aburto actúa como un recordatorio de que los abusos de poder y la tortura institucional tienen nombres propios que no pueden esconderse para siempre tras el fuero o la complicidad burocrática. La justicia tiene hoy la oportunidad de desmantelar la impunidad de uno de los hombres que mejor ha sabido manipularla.