Morena enfrenta críticas por reproducir prácticas de poder que antes rechazaba. Decisiones recientes evidencian uso político de instituciones y concentración. La narrativa de cambio se debilita frente a hechos contradictorios. Se cuestiona la congruencia del proyecto a nivel nacional.
Morena llegó al poder con una narrativa contundente contra los abusos, los privilegios y el uso político de las instituciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa promesa ha comenzado a diluirse frente a una realidad que muestra patrones similares a los que el propio movimiento criticó durante años. Hoy, más que una ruptura con el pasado, lo que se observa es una adaptación al poder que ha normalizado prácticas que antes eran señaladas como inaceptables.
El problema no es únicamente político, sino estructural. Cuando un proyecto que se construyó sobre la idea de cambio comienza a replicar las dinámicas que prometió erradicar, el impacto es doble: se pierde credibilidad y se debilita la confianza ciudadana. El uso de instituciones para fines políticos, la concentración de decisiones en pocos actores y la falta de contrapesos son elementos que han comenzado a formar parte del funcionamiento cotidiano.
Además, esta transformación no ocurre de manera aislada, sino en distintos niveles de gobierno. Desde decisiones administrativas hasta estrategias políticas, se percibe una lógica donde el ejercicio del poder se vuelve central, dejando en segundo plano los principios que dieron origen al movimiento. Este cambio no solo afecta la narrativa, sino que redefine la percepción pública del partido.
La incongruencia se vuelve evidente cuando el discurso sigue apelando a la transformación, mientras los hechos apuntan en otra dirección. La distancia entre lo que se dice y lo que se hace genera un desgaste que no depende de un solo evento, sino de una acumulación de decisiones que refuerzan la misma percepción: el cambio prometido no se está materializando como se esperaba.
A esto se suma el impacto en la gobernabilidad. Cuando las instituciones se perciben como herramientas políticas, se debilita su función principal de garantizar equilibrio y justicia. Esta situación no solo afecta la operación del gobierno, sino que también incrementa la desconfianza hacia el sistema en su conjunto, generando un entorno donde la legitimidad se cuestiona constantemente. Así, Morena enfrenta un reto que va más allá de la crítica política: sostener la congruencia de su proyecto. La normalización de prácticas que antes condenaba no solo contradice su origen, sino que redefine su identidad. En política, el poder no solo se ejerce, también se evalúa. Y hoy, esa evaluación comienza a reflejar una realidad incómoda para un movimiento que prometió ser distinto
