Paul Ospital, Laura Ballesteros y César Cadena se disputan el control de un partido sin proyecto.
Lo que ocurre al interior de Movimiento Ciudadano en Querétaro rebasó el límite de la política seria para convertirse en un espectáculo de ambiciones cruzadas y peleas internas. Lejos de consolidar una alternativa real para la ciudadanía, la marca se transformó en un botín disputado encarnizadamente por tres figuras que ni se aguantan entre sí ni comparten más proyecto que el beneficio personal: César Cadena Romero, Paul Ospital y Laura Ballesteros Mancilla.
En este triángulo de tensión, las estrategias chocan y la traición es evidente: Paul Ospital, el clásico “chapulín” que brincó de siglas en cuanto se dio cuenta que no podía cumplirle a la militancia; Laura Ballesteros, la política capitalina que al quedarse sin juego en la CDMX desembarcó en Querétaro a ver qué cacho agarra; y César Cadena, intentando maniobrar sus antojos políticos en un ambiente donde nadie se tolera.
Esta dinastía de ocasión pone en evidencia la verdadera cara de Movimiento Ciudadano en la entidad, un partido sin cultura política, carente de estructura propia y sin el menor respeto por la ciudadanía que vota por ellos. Al no tener credibilidad ni cuadros limpios con arraigo local, el partido prefirió reciclar el cascajo que sobró en otros lados, apostando a que la gente no se diera cuenta de la jugada.
Los votantes en Querétaro no son ingenuos. Mientras este grupo de rechazados se tira puñaladas por la espalda para adueñarse de las siglas y los privilegios, la gente queretana tiene claro que Movimiento Ciudadano en el estado no es una opción de futuro, sino el contenedor donde fue a parar todo lo que los demás decidieron no llevar en sus listas por ser políticos sin ética.
