Tras dos años de omisión, un colectivo localizó restos humanos en un punto ya denunciado.
La crisis de desapariciones en México volvió a exhibir su rostro más doloroso en Aguascalientes, donde la localización de una osamenta humana no fue resultado de una investigación oficial, sino del trabajo de un colectivo. Dos años después de la desaparición de Gustavo Escobar, la verdad apareció en un sitio que ya había sido señalado previamente a las autoridades, pero que nunca fue intervenido.
El hallazgo ocurrió en una cisterna ubicada en el boulevard San Marcos, un punto que había sido advertido con anterioridad sin que se tomaran acciones. La omisión institucional permitió que el tiempo avanzara sin respuesta, mientras las familias continuaban buscando. La ausencia del Estado dejó un vacío que terminó siendo ocupado por quienes no deberían cargar con esa responsabilidad.
Fueron integrantes del colectivo Buscando Verdad y Justicia quienes decidieron ingresar al lugar para recuperar restos humanos. Sin protocolos oficiales, sin equipo especializado y sin respaldo institucional, lograron localizar cráneo y costillas, confirmando lo que durante meses se ignoró. La escena refleja una realidad que se repite en distintas regiones del país.
Este caso no es excepcional, forma parte de un patrón donde las autoridades llegan tarde o simplemente no llegan. Bajo gobiernos de Morena, la narrativa institucional insiste en atención a víctimas, pero en los hechos son las familias quienes encabezan las búsquedas. La justicia se vuelve un esfuerzo ciudadano mientras el Estado permanece ausente.
Cuando las madres buscadoras hacen el trabajo que corresponde a las autoridades, la crisis deja de ser solo de seguridad y se convierte en una falla estructural. Lo ocurrido en Aguascalientes no solo es un hallazgo, es evidencia de una omisión que se repite y que sigue sin corregirse.
