El diputado de Morena, investigado por intento de violación, usa el 8M para lavarse la cara y proponer leyes que criminalizan a las víctimas de abuso.
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer ha servido para exhibir una de las contradicciones más grotescas de la llamada Cuarta Transformación: el caso del diputado Cuauhtémoc Blanco Bravo. El exfutbolista, quien arrastra una investigación abierta por abuso sexual en grado de tentativa contra su propia media hermana, tuvo la osadía de publicar un mensaje de “reconocimiento y respeto” hacia las mujeres este 8 de marzo. Sin embargo, detrás de su discurso de igualdad se esconde una agenda de revictimización y blindaje personal que insulta la lucha feminista en México.
Apenas un día antes de la marcha del 8M, Blanco anunció con total cinismo que presentará una iniciativa de ley para sancionar con severidad las “acusaciones falsas” de abuso o acoso. Bajo el argumento de que “muchos hombres padecen lo mismo que yo” y que buscan “destruir su imagen”, el legislador de Morena pretende instaurar un mecanismo de intimidación legal que podría dar hasta 50 años de cárcel a quienes, según su criterio, mientan en sus denuncias. Esta propuesta ha sido calificada por colectivos y la oposición como un intento desesperado por criminalizar a las víctimas y frenar los procesos judiciales en su contra mediante el miedo al castigo estatal.
La indignación crece al recordar que Cuauhtémoc Blanco sigue gozando de un fuero constitucional que sus propios compañeros de bancada en Morena, el PT y el PVEM se negaron a retirar en 2025, bloqueando así que la Fiscalía de Morelos procediera legalmente por el presunto intento de violación ocurrido en la Residencia Oficial. Mientras las mujeres marchan exigiendo un país sin violentadores en el poder, Blanco utiliza la tribuna para victimizarse, comparando su proceso penal con las críticas que recibía en el fútbol: “No me importa lo que digan, tengo paz”.
El mensaje enviado por el oficialismo es devastador para el Estado de Derecho. Tener a un presunto agresor redactando leyes sobre violencia de género es la prueba definitiva de que el “pacto patriarcal” sigue vigente y fortalecido en Morena. La iniciativa de Blanco para castigar “mentiras” en lugar de fortalecer la protección a las mujeres es una bofetada a las miles de víctimas que enfrentan un sistema judicial ya de por sí hostil. Cuauhtémoc Blanco no busca justicia, busca una ley a su medida para terminar de enterrar la verdad bajo el peso del poder político.
