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Caín y Abel en Zacatecas: David Monreal desata persecución contra su propio hermano

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Feb 8, 2026

La sucesión estatal fractura a la familia real de Fresnillo: el gobernador David Monreal prohíbe a su gabinete asistir a los eventos de Saúl Monreal y despliega “orejas” para vigilar y despedir a cualquier funcionario que apoye al menor de la dinastía; el objetivo es sepultar las aspiraciones de Saúl para despejarle el camino a la senadora Verónica Díaz.

La política en Zacatecas ha descendido a un nivel de bajeza pocas veces visto: la guerra fratricida. En un movimiento que confirma que en la búsqueda del poder no hay familia que valga, el gobernador David Monreal Ávila ha lanzado una ofensiva directa para asfixiar las aspiraciones políticas de su hermano, el hoy senador Saúl Monreal. La orden desde el Palacio de Gobierno ha sido tajante y autoritaria: ningún funcionario público tiene permitido asistir a los mítines o eventos de posicionamiento de Saúl, bajo la amenaza explícita de perder su empleo de manera inmediata.

Lo más alarmante de esta fractura no es solo la prohibición, sino los métodos de espionaje dignos de un régimen represivo. Se ha reportado la presencia de infiltrados en los eventos de Saúl Monreal, cuya única misión es identificar rostros de servidores públicos para levantar listas negras y ejecutar despidos fulminantes. Esta cacería de brujas interna demuestra que el gobernador está dispuesto a utilizar toda la estructura del Estado no para servir a los zacatecanos, sino para sabotear la carrera de su propio hermano y castigar cualquier rastro de lealtad que no sea hacia su figura.

El trasfondo de esta traición familiar tiene nombre y apellido: Verónica Díaz Robles. El gobernador David Monreal busca debilitar a Saúl a toda costa para fortalecer la candidatura de la senadora Díaz, su aliada incondicional y pieza clave de su grupo político. Al intentar “borrar” a su hermano del mapa sucesorio, David Monreal no solo traiciona la unidad que tanto presume Morena, sino que sume a la administración estatal en una parálisis operativa, donde los funcionarios viven con el miedo de ser vigilados por su propia jefatura.

Zacatecas, ya golpeado por una crisis de inseguridad que parece no tener fin, ahora debe presenciar cómo sus gobernantes desperdician tiempo y recursos públicos en vendettas familiares. El espectáculo de los Monreal peleándose por la silla estatal es el reflejo de un proyecto que ha perdido el rumbo y que prefiere la intriga palaciega antes que el bienestar ciudadano. Mientras David y Saúl se despedazan, el estado sigue pagando la cuenta de una administración que puso los intereses de grupo —y de familia— por encima de la ley y la decencia política.

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