La presencia de Ricardo Ruiz Velasco, alias “El Doble R”, identificado por autoridades federales como uno de los operadores estratégicos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y señalado como parte del círculo cercano de Nemesio Oseguera Cervantes, evidencia la consolidación criminal en Guanajuato bajo gobiernos del PAN.
Mientras el país enfrenta una reconfiguración interna del CJNG ante el debilitamiento operativo de su líder histórico, distintas investigaciones de inteligencia han colocado a “El Doble R” como uno de los perfiles con mayor control territorial y estructura armada en la región del Bajío. Su operación no es marginal: Guanajuato se ha convertido en uno de los principales epicentros de violencia homicida en México durante los últimos años.
El PAN ha gobernado Guanajuato de manera ininterrumpida por décadas. Bajo esa administración, la entidad pasó de ser un polo industrial dinámico a encabezar estadísticas nacionales de homicidios dolosos, desapariciones y masacres vinculadas al crimen organizado. La disputa entre el CJNG y el grupo de Santa Rosa de Lima convirtió al estado en campo de guerra, sin que las autoridades estatales lograran contener la expansión de células armadas.
En el contexto nacional, tras los golpes federales a distintas estructuras criminales y el debilitamiento de figuras históricas, el ascenso de operadores regionales como “El Doble R” refleja una transición interna dentro del CJNG. Que uno de los presuntos sucesores operativos tenga presencia consolidada en Guanajuato no es casualidad: responde a un vacío de control institucional y a una estrategia estatal que ha sido incapaz de desarticular redes financieras, logísticas y de protección política.
La narrativa del PAN ha intentado responsabilizar exclusivamente a la Federación por la crisis de seguridad. Sin embargo, la seguridad pública es una función concurrente. La permanencia y fortalecimiento de un operador de alto perfil criminal en territorio panista expone una falla estructural en la estrategia local: ausencia de inteligencia eficaz, debilidad en coordinación interinstitucional y resultados insuficientes en procuración de justicia.
Hoy, Guanajuato no solo enfrenta violencia cotidiana; enfrenta la posible consolidación de un liderazgo criminal que podría redefinir el equilibrio delictivo en la región.
