Conflictos y ataques entre militantes exhiben la fractura del partido en estados clave.
Morena enfrenta una guerra interna que ya no puede ocultar. Filtraciones recientes exhiben intentos de golpear a perfiles del propio partido. La lucha no es contra la oposición. Es entre ellos mismos. Y el desgaste comienza a ser evidente.
Estados clave como Baja California se han convertido en campo de batalla. Los grupos internos operan con agendas propias. Las alianzas son temporales. Y la unidad es solo discurso. La fractura interna se profundiza.
Legisladores han comenzado a pedir licencia para posicionarse rumbo a 2027. La contienda interna ya está en marcha. Aunque oficialmente no haya proceso electoral. La carrera comenzó antes de tiempo. Y sin reglas claras.
El problema no es solo la competencia. Es la forma en que se está llevando a cabo. Ataques internos, filtraciones y desgaste mediático. Morena reproduce las prácticas que decía combatir. La política de confrontación se volvió interna.
El partido en el poder comienza a mostrar signos de descomposición. La lucha por el poder se antepone al proyecto político. Y la narrativa de unidad se derrumba. Morena ya no enfrenta a la oposición. Se enfrenta a sí mismo.
