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“Temo por mi vida”: El grito de auxilio que pone a Eruviel Ávila contra las cuerdas y expone su rostro más peligroso

pormrojas270598@gmail.com

Abr 21, 2026

Tras confirmar su separación, María Irene Dipp hace responsable al exgobernador de cualquier cosa que le suceda; el poder político de Eruviel se convierte en la mayor amenaza para la seguridad de su propia esposa.

Cuando una mujer con acceso a los círculos más altos del poder tiene que salir a decir públicamente “temo por mi vida”, el Estado de derecho ha fallado. La confirmación de la separación de María Irene Dipp y el ahora diputado Eruviel Ávila, acompañada de una denuncia por violencia que ya no puede ser silenciada, coloca al exgobernador del Estado de México en el lugar que siempre pareció pertenecerle: el de un hombre que utiliza el poder para someter, amedrentar y silenciar. La máscara de “hombre de familia” y “político de resultados” se ha derretido para dejar ver a un agresor que, según la víctima, es capaz de cualquier cosa.

Es devastador, pero no sorprendente. Eruviel Ávila, quien durante su mandato en el Edomex ignoró las alertas de género y permitió que la entidad se convirtiera en un cementerio de mujeres, hoy traslada esa misma oscuridad a su hogar. La denuncia por violencia física y psicológica no es un “asunto privado”, es un asunto de seguridad pública. Cuando el agresor tiene amigos en las fiscalías, influencias en el Congreso y un escaño que lo protege, el riesgo para la víctima es letal. Que María Irene Dipp tenga que hacer responsable públicamente a Eruviel Ávila de su integridad física es la prueba definitiva de que en México, el fuero sigue siendo la licencia para violentar impunemente.

La “nueva etapa” de Eruviel en el Partido Verde es el refugio perfecto de los cobardes. Resulta repulsivo que un personaje que tiene a su esposa viviendo bajo terror sea el mismo que se atreve a legislar o a hablar de “transformación”. La soberbia de Ávila, alimentada por décadas de impunidad en Ecatepec y Toluca, lo ha llevado a creerse por encima de la ley, pero el grito de “temo por mi vida” ha roto el pacto de silencio que tanto le costó construir. ¿Qué esperan las autoridades para actuar? ¿Van a esperar a que la tragedia se consume para lamentarse en Twitter?

El sistema político mexicano está a prueba. Si Eruviel Ávila sigue gozando de inmunidad y de espacios de poder tras estas declaraciones, el mensaje para todas las mexicanas será claro: “si el agresor es poderoso, tu vida no vale nada”. Ya no bastan las disculpas ni los deslindes; se requiere el desafuero y una orden de protección real. María Irene Dipp ha tenido la valentía de señalar al “monstruo” de frente; ahora nos toca a nosotros no quitar el dedo del renglón. Eruviel Ávila no es un “gran señor”, es un hombre denunciado que hoy representa un peligro real. ¡Si le pasa algo a ella, el Estado es cómplice y Eruviel es el verdugo!

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