La justicia de los Estados Unidos va con todo: las investigaciones de las agencias de inteligencia contra Américo Villarreal y Alfonso Durazo exponen al régimen como un cártel electoral; la impunidad de Morena tiene los días contados.
Lo que estamos presenciando no es un escándalo aislado, es el acta de defunción moral de un régimen. El fin de Morena ya inició, y la estocada final no viene de la debilitada política interna, sino de los tribunales federales de los Estados Unidos. La revelación de la investigación penal del Departamento de Justicia y agencias de inteligencia estadounidenses contra los gobernadores de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, y de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, ha terminado por quebrar la columna vertebral de la llamada “transformación”.
El golpe de Washington es fulminante, seco y humillante: a ambos mandatarios estatales les fueron revocadas sus visas de manera fulminante por presuntos nexos con el narcotráfico y el huachicol. Aunque el oficialismo pretenda simular normalidad argumentando que entran a territorio estadounidense bajo esquemas migratorios especiales, la realidad expuesta por el diario Los Angeles Times es brutal: operan con el estatus que se le otorga a los criminales y testigos condicionados que colaboran con la justicia a cambio de no pisar una celda.
La farsa se desmorona a pasos agigantados porque los datos de inteligencia internacional evidencian que el territorio mexicano fue entregado como botín:
● La frontera entregada al crimen: Alfonso Durazo enfrenta pesquisas por facilitar el libre tránsito de estupefacientes y armas en la codiciada ruta fronteriza de Sonora, entregando la soberanía del estado a cambio de protección política y financiera.
● El financiamiento del huachicol: Américo Villarreal está cercado por el esquema de los millones inyectados a su campaña por las mafias del contrabando de combustible. El pacto con el ejecutado Sergio Carmona fue el boleto de entrada de los cárteles al Palacio de Gobierno de Tamaulipas.
El imperio guinda está herido de muerte. EE.UU. ya demostró que va por más y no se va a detener en la frontera. Este escándalo internacional se amarra directamente con el proceso penal que ya se le sigue en Nueva York a la red de funcionarios del gobernador de Sinaloa, el también morenista Rubén Rocha Moya, acusado formalmente de cogobernar con las facciones del Cártel de Sinaloa. Con los gobernadores del norte del país exhibidos en los expedientes de la DEA y el FBI como simples peones de los cárteles, la narrativa de la honestidad gubernamental ha quedado reducida a cenizas.
El imperio de Morena se está desmoronando desde el norte y no hay llamada telefónica que pueda frenar la justicia de los Estados Unidos. Al desvestir a Américo Villarreal y Alfonso Durazo como cómplices de las mafias, Washington ha iniciado el inevitable fin de un régimen edificado sobre la sangre y el dinero sucio. La verdad internacional ha aplastado la simulación oficial de Morena, y el chaleco de impunidad guinda finalmente se está haciendo pedazos.