La dirigencia estatal del PAN en Chihuahua lanzó un desesperado llamado a cerrar filas y advirtió a sus funcionarios sobre la brevedad de los cargos públicos, delatando la fractura interna frente al gobierno de Maru Campos.
El llamado de auxilio emitido por la dirigencia del PAN en Chihuahua puso en evidencia la profunda crisis de confianza que fractura al partido. La exigencia pública de “lealtad” hacia la gobernadora Maru Campos y las advertencias explícitas sobre posibles “traiciones” internas confirman que la cúpula panista está perdiendo el control de sus propios cuadros.
Las declaraciones de Daniela Álvarez, recordando a los funcionarios que los puestos públicos son temporales, suenan más a una amenaza desesperada de coerción que a un proyecto político articulado. Advertir a su militancia desde los micrófonos demuestra que el miedo a una desbandada masiva es la principal preocupación dentro del Ejecutivo estatal.
Esta paranoia institucional expone el desgaste del gobierno de Maru Campos en la entidad. Cuando un partido en el poder necesita amenazar a sus colaboradores para mantener la disciplina, queda al descubierto el rechazo interno hacia la gestión actual y la falta de liderazgo para sostener el proyecto del blanquiazul en Chihuahua.
Intentar frenar la fuga de liderazgos mediante chantajes de lealtad solo acelera la descomposición del partido. El PAN demuestra que se encuentra arrinconado por sus propios errores de gobierno, recurriendo a la intimidación burocrática mientras la estructura local se desmorona ante la falta de resultados para la ciudadanía.