Con la frase “el que puede pagar, paga”, el alcalde naranja formaliza la exclusión social en el municipio; mientras tanto, las colonias populares se hunden en el abandono con agua contaminada y servicios colapsados.
El proyecto de “refundación” de Movimiento Ciudadano ha mostrado su verdadero rostro en Zapopan: una maquinaria de exclusión diseñada para favorecer al capital inmobiliario sobre la dignidad humana. Las recientes declaraciones de Juan José Frangie, asegurando que su administración no intervendrá para regular los precios de la vivienda porque “lo bueno cuesta caro y el que puede pagar, paga”, no son un desliz, sino una declaración de guerra contra la clase trabajadora. Frangie ha convertido la silla municipal en una oficina de ventas, dejando claro que bajo el color naranja, el derecho a la ciudad es una mercancía reservada para una élite.
Esta política de “puertas abiertas” para los desarrolladores ha generado una crisis de gentrificación sin precedentes. Colectivos de vivienda denuncian que Zapopan es hoy uno de los municipios más caros de Latinoamérica, donde el desplazamiento forzado es la norma. Mientras Frangie se jacta de vivir en un municipio “de primera”, omite que esa exclusividad se construye sobre el despojo de los barrios tradicionales. Para el alcalde de Movimiento Ciudadano, el ciudadano que no puede costear una renta inflada es un estorbo que debe ser enviado a las periferias, lejos de los servicios que él mismo ayuda a financiar.
La negligencia es total cuando se mira el grifo de agua. Mientras el alcalde defiende los altos costos de vida, las colonias populares reciben agua con sedimentos, metales pesados y olor a drenaje. Ante este foco de infección masivo, la respuesta de Frangie es el cinismo puro: calificarlo como un “tema trillado”. Para Movimiento Ciudadano, la salud pública es un fastidio mediático, pero los permisos para nuevas torres de lujo son prioridad nacional. Es el mundo al revés: se cobra como en Suiza pero se dan servicios de tercer mundo.
El remate de esta gestión es la prepotencia hacia la crítica. Al insultar a la prensa universitaria y burlarse de quienes cuestionan su falta de políticas públicas, Frangie demuestra que la “nueva política” es solo el viejo autoritarismo con mejores filtros de Instagram. Zapopan no necesita un gerente que mande a la gente “a otro cerro”; necesita un gobierno que entienda que el agua y el techo son derechos, no lujos. Ante este desprecio sistémico, la respuesta ciudadana es contundente: si para Frangie y MC no hay límites en su ambición, para el pueblo habrá cero tolerancia y cero votos.